Editorial: Mujeres que viajan solas

En el imaginario popular, dos mujeres que viajan juntas están solas. No se tienen la una a la otra, están incompletas porque les falta un amigo/novio/guardián que las cuide y las proteja. Cuando las argentinas María José Coni y Marina Menegazzo fueron asesinadas en Montañita, Ecuador, el clamor general se preguntaba ¿qué hacían estas chicas viajando solas? y no ¿qué clase de enfermo le haría esto a dos mujeres? 

María José y Marina no estaban solas, viajaban juntas. Esto disparó una conversación acerca de los prejuicios hacia las mujeres viajeras, las mujeres que eligen ser libres, recorrer el mundo, colgarse la mochila al hombro y salir hacia lo desconocido en una sociedad que una y otra vez les dice que no tienen ese derecho. Muchas mujeres contaron sus propias historias de viajes con el hashtag #YoViajoSola. Carolina Fernández López incluso creó un corto-documental llamado Cuídate, nena en el que retrata ese prejuicio desde el cual los medios de comunicación reportaron sobre el caso de las argentinas. "¿Cuántas mujeres tienen que viajar para no decir que viajan solas?", se pregunta.

Quiero dedicar este número a la memoria de María José y Marina. Kristel Freire, Daniela Alvarez Orska y Marcela Ribadeneira replican, con sus textos de esta edición, su mismo espíritu de aventura, su misma curiosidad por ver el mundo, y lo celebran. En Los Pasos Perdidos, Kristel habla de los miles de kilómetros que ha recorrido, como mochilera, en tres continentes distintos. Habla de los inminentes peligros que hay en el camino, por supuesto, pero destaca por encima de todo la amabilidad de la gente que se cruza. En Viajar es el destino, Daniela habla de viajar como una forma de vida que te puede enseñar cosas que no sabías de ti misma, de tu casa o de la humanidad. Y en Aquí y Allá, Marcela reivindica el viajar como una oportunidad única para dejar de lado nuestros prejuicios y nuestra zona de comfort y más bien buscar dentro de nosotras mismas.

Andrea Guarisma, Andrea Torres y Julie Rendón, en cambio, apuntan a otros viajes más permanentes y absolutos. Las dos Andreas hablan de mudanzas hacia lugares nuevos (la una deja Venezuela por Ecuador, la otra Quito por Guayaquil) y desconocidos, de dejar vidas enteras en otras orillas para empezar de nuevo, y de todo el caos maravilloso que esa experiencia trae. Julie, en su texto Desarraigo, habla de las identidades que viajan con nosotros hacia donde sea que vayamos, de las tradiciones familiares, los exilios, los éxodos que están impresos también en nuestro ADN.

Espero que disfruten este número y que sigamos viajando (solas o juntas) y recorriendo el mundo cuando y como nos plazca. Porque es nuestro derecho.

Con cariño,

Nessa