Wonder Woman: La fuerza de lo vulnerable

Por Daniela Anchundia

Cuando a mi hermano le regalaban un muñeco de Batman o Superman, a veces, venía gratis, pegada a la caja de esos muñecos, una Mujer Maravilla. Esta figura de acción cruzaba los brazos para juntar sus brazaletes cuando le apretaba las piernas y a él no le interesaba en absoluto, así que me la regalaba.

Mi hermano construía complejas bases de operaciones para sus héroes y villanos, y yo era feliz cuando me permitía entrar a su habitación para ser una espectadora de sus historias de aventura.

Él tenía montones de superhéroes, yo sólo tenía a la Mujer Maravilla; así que cuando él no estaba en casa yo aprovechaba y sacaba todos sus muñecos para hacer mi propias historias: algunas veces la Mujer Maravilla tenía que salvar a todos de los terribles planes del Pingüino, y otras muchas veces me dedicaba a organizar su boda con Superman (perdóname Lois). 

Mi segundo encuentro con el personaje fue gracias a la bellísima Lynda Carter. Como era muy pequeña, mis recuerdos de la serie no van más allá de la intro musical; grabada con mucha más intensidad en mi memoria está la visión de mi misma frente al espejo, girando como un trompo cuando jugaba a transformarme en ella para pelear por la justicia y la paz.

Vivió en mi corazón desde entonces y a lo largo de mi vida. La  reencontré en los cómics y en la cultura popular, enraizada en las mentes de quienes crecimos con ella. Me rodeé de su símbolo en camisetas, stickers, chaquetas y nuevas figuras de acción (esta vez compradas a propósito), estuvo siempre ahí, como un símbolo de fuerza y un pedacito eterno de mi infancia.

Por eso, cuando el 2 de junio de 2017, luego de muchos años de espera, Wonder Woman finalmente tuvo su merecida película, tomé con emoción la oportunidad de ser una niña de nuevo: en la butaca del cine mis piernas se acortaron y la ropa fue demasiado grande para mi cuerpo, me empequeñecí a voluntad frente a la luz brillante de la pantalla.

Siempre me han gustado los superhéroes. Amaba al Superman de Christopher Reeve y estuve ahí al pie del cañón junto a todos los Batmanes (hasta el de George Clooney y sus tetillas), también la nueva ola de películas de héroes de Marvel me ha traído muchas alegrías, pero…

NADA se compara con lo que se siente cuando ves a tu personaje favorito en el cine, cuando se le ha hecho justicia; es otra cosa esta emoción que me hizo entender realmente cómo se sintieron los chicos cuando vieron a sus héroes en el cine por primera vez.

 El origen de las Amazonas

 George Pérez en “Dioses y Mortales” de 1987, nos ubica en el contexto ideal para entender el origen de Wonder Woman en el que nos sitúa el film:

 Los dioses del Olimpo, crearon a las guerreras Amazonas como mediadoras entre los dioses y los humanos, para que los protejan y resguarden su fe en ellos. Ares, Dios de la Guerra se opone, pues a los humanos sólo se los puede guiar a través de la ira y la guerra.

Artemisa, y otras diosas, buscan el renacimiento de las almas de mujeres fuertes, víctimas de violencia masculina para crear a Las Amazonas. Pues consideran que sólo la mujer tiene la capacidad de resistir a las tentaciones de Ares y su corazón protector es lo que la humanidad necesita. A Hipólita, su líder, se le da la oportunidad de que renazca también el alma de su hija no nacida, pues los dioses tenían un destino especial para ella.

Los triunfos de Wonder Woman, la película

Wonder Woman no es una versión femenina de Superman, esta común idea equivocada siempre dificultó una representación justa del personaje; la mitología y detalles como que el villano sea un dios, complicaban aún más la narrativa audiovisual. Sin embargo, al parecer sólo se necesitaba la visión y el talento de alguien que realmente conociera  y amara al personaje (te hablo a ti Patty Jenkins).

 A un universo cinemático de superhéroes cargado de testosterona llega una mujer a cambiar el ritmo. Superman no se maravilla por el sabor de un helado, Batman no se va enternecer al ver un bebé y ninguno de los dos se permite a sí mismo una casual sonrisa de vez en cuando, estos símbolos de “debilidad” son en cambio muy naturales en Wonder Woman. Su femeneidad no se ve opacada por su fuerza, la empatía y la compasión la llevan a lanzarse frente a las balas para hacer lo correcto y cumplir con su “deber sagrado”.

 Esto y otras delicias como el equipo de outcasts, un Steve Trevor que apoya y nunca se intimida, unas Amazonas personificadas tanto por renombradas actrices como por atletas olímpicas, jinetes expertas, campeonas de crossfit y policías (que son el mayor deleite de las primeras escenas) y por supuesto la maravillosa Gal Gadot con su dedicación total para encarnar a un ícono tan grande de la cultura popular; construyen una Wonder Woman impecable.

 Salí del cine, sintiéndome todavía una niña, con ganas de pelear contra los villanos y girar y girar para convertirme en una súper mujer, y aunque todavía no lo logro, lo voy a seguir intentando.