Dolores Veintimilla

El nacimiento de Dolores Veintimilla, en 1829, coincide con el nacimiento de Ecuador como república independiente. La poetisa, nacida en Quito, viene al mundo en una sociedad sumamente religiosa y moralista. El hecho de que Dolores participara activamente de la vida cultural del país era visto con recelo y la convertía, inmediatamente, en motivo de sospecha.
Tenía 18 años cuando se casó con Sixto Galindo, un médico colombiano que nunca apoyó su deseo de dedicarse a escribir y publicar sus poemas. Galindo era mujeriego, y todos en el círculo social de Dolores sabían de sus amoríos con otras mujeres.

Para evitar las “habladurías“ de la gente, Dolores lo convence de mudarse a Guayaquil, y luego a Cuenca, con su hijo Santiago. Eventualmente, el marido abandona el hogar y Dolores se queda sola a cargo de la crianza de su hijo.
Su casa se convierte, poco a poco, en un núcleo de intelectuales, artistas y académicos. Es allí donde poetas, músicos y escritores se reúnen y Dolores es una gran anfitriona, respetada por su talento como poeta y por sus convicciones políticas. Esto era visto con espanto por la gente ultra conservadora de Cuenca. La culpaban a ella del fracaso de su matrimonio, decían que ella espantó a su marido con sus ideas modernas y dudaban de su dignidad por abrir las puertas de su casa a hombres casados. El acoso hacia Dolores incrementa cuando escribe “Necrología“, un texto en el que, a partir de la condena de un indígena llamado Tiburcio Lucero, se pronuncia en contra de la pena de muerte.
El obispo de Cuenca, Fray Vicente Solano, emprende entonces una campaña de desprestigio contra Dolores, a través de escritos anónimos que reparte en hojas volantes en los que se burla de la poetisa y pone en tela de juicio su capacidad como madre, esposa y mujer. La sociedad cuencana se hace eco del discurso del sacerdote al punto que Dolores es completamente marginalizada por sus vecinos, y ni siquiera quiere salir de su casa.
Cae en un estado de depresión que se agudiza rápidamente y el 22 de mayo de 1857, con apenas 27 años, bebe un frasco de cianuro de potasio y se suicida. Su poema más conocido, Quejas, está inspirado en su matrimonio infeliz y el amor no correspondido que marcaría su vida.

Quejas, por Dolores Veintimilla

¡Y amarle pude! Al sol de la existencia
se abría apenas soñadora el alma…
Perdió mi pobre corazón su calma
desde el fatal instante en que le hallé.
Sus palabras sonaron en mi oído
como música blanda y deliciosa;
subió a mi rostro el tinte de la rosa;
como l ahoja en el árbol vacilé.

Su imagen en el sueño me acosaba
siempre halagüeña, siempre enamorada;
mil veces sorprendiste, madre amada,
en mi boca un suspiro abrasador;
y era él quien lo arrancaba de mi pecho;
él, la fascinación de mis sentidos;
él, ideal de mis sueños más queridos;
él, mi primero, mi ferviente amor.

Sin él, para mí el campo placentero
en vez de flores me obsequiaba abrojos;
sin él eran sombríos a mis ojos
del sol los rayos en el mes de abril.
Vivía de su vida apasionada;
era el centro de mi alma el amor suyo;
era mi aspiración, era mi orgullo…
¿Por qué tan presto me olvidaba el vil?

No es mío ya su amor, que a otra prefiere.
Sus caricias son frías como el hielo;
es mentira su fe, finge desvelo…
Mas no me engañará con su ficción…
¡Y amarle pude, delirante, loca!
¡No, mi altivez no sufre su maltrato!
Y si a olvidar no alcanzas al ingrato,
¡te arrancaré del pecho, corazón!