Carlota Jaramillo

“Era una muchacha agraciada, llenita, canela clara, ojos y pelo negro, lo que se dice de buen ver pero solo cantaba en familia o en reuniones de casa. Tenía una hermosa personalidad, inteligente y vivaz, desenvuelta y feliz.“

Nació en la finca de su padre, un lugar paradisíaco llamado “El Otro Lado“, a pocos minutos de la mitad, literal, del mundo. Creció detrás de la quebrada, y su padre Isaac mantenía a la familia cultivando papas, mellocos y habas. Fue su tío Timoleón, un genio para tocar la guitarra y el centro de atención en las fiestas familiares, quien la inició en el mundo de la música y le enseñó a cantar. Carlota Jaramillo emprendía así su camino a convertirse en la Reina y Señora de la Canción Ecuatoriana, un título que aún le pertenece. Su tío Timoleón la recibió en su casa, en Quito, para que Carlota pudiera ir al colegio Manuela Cañizares en donde una profesora en particular, Eleonora Neumann, llevaba a sus alumnas a los espectáculos del Teatro Sucre. Y desde entonces Carlota supo que el escenario era su lugar en el mundo. A pesar de que sus padres jamás habrían permitido que ella siga ese destino. Y no era precisamente una época en la que las mujeres podían elegir qué hacer con sus vidas.
En 1922 cantó a dúo con su hermana Inés en un concurso de canto para aficionados; eran las únicas participantes mujeres y se ganaron el primer premio: una guitarra y una guindola. El ambiente teatral de la ciudad vivía un boom, con la aparición de varias compañías dramáticas y figuras como Marina Moncayo y Victoria Aguilera. Al graduarse del colegio, Carlota y su hermana formaron parte de una compañía de comedia y variedades, y actuaron en varias obras a espaldas de sus padres, que obviamente las descubrieron y tuvieron que resignarse a que participen. El teatro de comedia tenía muchísima resistencia en la época, por considerarse vulgar y poco refinado en contraposición con géneros más clásicos y rimbombantes como la ópera. A Carlota la acusaban de andar haciendo “chicherías“ y no arte. Y desde el sector religioso, a las hermanas Jaramillo las acusaban de “mujeres livianas“. Pero ellas persistían, puesto que les apasionaba y tenían talento evidente, sobre todo Carlota. 
Fue en las tablas donde conoció a su gran amor, Jorge Araujo, un hombre guapísimo, de ojos verdes (le decían “El Gato“) y muchísimo mayor a ella. La familia de Carlota se oponía al romance pero ella, siempre fiel a sus propios deseos, se fugó a Guayaquil para casarse con él. Tuvieron dos hijos y formaron un equipo dentro y fuera de casa. El Gato compuso algunos de los temas más famosos de Carlota, como Sendas Distintas (que, justamente, habla sobre el romance entre una mujer jóven y un hombre mucho mayor). 
A Carlota le costó llegar al punto en que podía vivir de la música. Fue profesora de Gimnasia Rítmica y su esposo ocupó algunos roles como funcionario del Estado. En 1938, grabó su primer disco gracias a un empresario radial de Riobamba y vendió 1000 copias en un mes. Este proceso la dió a conocer en otras ciudades del país y su perfil fue creciendo hasta ganarse el título de Reina del Pasillo Ecuatoriano. Dejó de cantar casi por completo en 1970, después de la muerte inesperada de su esposo. Dos años después la condecoraron en Calacalí, donde hay un busto con su figura. Cuando la escuchas cantar, es como si dejara su alma en cada tema. Tiene una voz que está siempre a punto de romper en llanto, esa es su más grande característica.