No reirás

Por Ana Cristina Franco

 

En su libro De la reverencia a la violación (1974),  Molly Haskell hace un recuento de los “tipos” de personajes femeninos que se han repetido a lo largo de la historia del cine. Haskell asegura que todos los roles interpretados por mujeres se han reducido a una suerte de estereotipos entre los cuales están, por ejemplo,  “la damisela en peligro”, “la mujer fatal”, “la mujer de acción”, “la madre abnegada” etc. Según ella, todos los personajes femeninos encajan en alguno de estos modelos. Pero  en la lista de Haskell no hay un modelo de personaje femenino cómico. Al menos no uno que se ría de si misma.  Y no es que ella se equivoque. En el cine las mujeres han sido hadas, brujas, putas, mujeres de acción, luchadoras, pero pocas veces se ha visto una mujer cómica, o bueno, nunca como para hacer tendencia. Y los pocos personajes femeninos cómicos han sido creados, en su inmensa mayoría, por hombres. Quizá es mucho pedir…. sabemos que en el cine y la televisión escasean los personajes femeninos creados por mujeres, empezando porque hay menos directoras mujeres, y las que hay, han sido opacadas por la historia oficial. Aunque desde los inicios del cine hay varias cineastas que recién están saliendo a la luz como es el caso de Alice Guy o Louis Weber, según Laura Mulvey, después de la crisis sonora del cine,  Dorothy Arzner e Ida Lupino fueron prácticamente las únicas mujeres que dirigieron películas de manera regular en Hollywood hasta los años 70, década a partir de la cual surgieron varios movimientos feministas que dieron como resultado más espacios para la mujer en el cine. De todas formas, y hablando en términos generales, la ausencia de mujeres atrás de las cámaras ha sido igual, en proporción inversa, a la sobre explotación de personajes femeninos estereotipados dentro de la pantalla.

 La imagen de la mujer en  el terreno de la ficción  ha sido por lo general mitificada. Hasta antes de los años setenta, casi todos los personajes femeninos- o por lo menos los pertenecientes a la gran industria- han sido construidos a partir de estereotipos de belleza y moral, dando como resultado una  mujer “sublime” o “perfecta” . Un ejemplo de ello es la construcción del personaje interpretado por la Dietrich en las películas de Josef Von Sternberg. O Mary Pickford, que se convirtió en una especie de ícono de la mujer sumisa. Según Mulvey, esta mitificación tiene como función  evitar la construcción de personajes femeninos reales, pues estos serían un peligro para el inconsciente masculino, el cual vive una constante angustia de castración.    

 Curiosamente, al personaje cómico siempre le falta o le sobra algo, tiene un desperfecto que puede ser físico o psicológico. Esta mácula es lo que lo vuelve más cercano al espectador, porque a pesar de que se trata de una hipérbole (un personaje no es una persona) la mácula lo vuelve humano. Según Henri Bergson la risa es una cualidad esencialmente humana, las demás especies no poseen sentido del humor. Para que un personaje sea cómico es necesario que sea humano, es decir, imperfecto, al contrario del personaje trágico, cuyo mayor exponente es el héroe. Hollywood lo sabía, y por eso se encargaba de subvalorar los papeles cómicos, los cuales eran considerados “de menor rango”. Esta es la razón que llevó a la actriz Gloria Swanson a abandonar una potencial carrera de actriz cómica por  considerar que no sería suficientemente respetada. Tal vez la comedia de mujeres sea el género más temido por el imaginario masculino, el hecho de asumir una primera persona desde el humor anula el fetiche y/o ideal o fantasía masculina.

 Según Umberto Eco, en la Edad Media existieron varias representaciones de la mujer como símbolo de la decadencia no solo física sino también moral en oposición al canon de belleza social marcado por la juventud como símbolo de belleza y pureza. En el Renacimiento, la fealdad femenina pasó a ser objeto de diversión y burla. Estas miradas sobre la mujer  han sido influencia para la construcción de un imaginario colectivo que luego se vería reflejado en la construcción de los personajes del teatro y el cine. Por un lado la imposición de belleza-bondad-juventud, contrapuesto al concepto de fealdad-maldad o inmoralidad-vejez. Del primer grupo nacen las heroínas:  “damisela en peligro”, “princesa”, “ama de casa sumisa”, y del segundo grupo nacen las villanas, no dignas del deseo masculino. La belleza siempre ha estado relacionada a lo sublime, y   en términos nitzcheanos se podría decir que  se acerca  a Apolo y a la Tragedia, mientras que la “fealdad”, por su parte, se relaciona a la comicidad. Entonces se podría  decir que “la mujer cómica” no puede ser – la mayoría de veces- una mujer que entre en los cánones de belleza y/o moral.

 Hasta la década de 1980 ha habido varias mujeres comediantes así como personajes femeninos cómicos, lastimosamente, la mayoría de ellos- haciendo contadas excepciones, como el caso de los creados por Nora Ephron- han sido creados por hombres. Gloria Swanson no estaba conforme con ser una actriz cómica y buscaba personajes más “serios”,  por ello se convirtió en “mujer fatal” en las películas de Cecil B. DeMille. Marion Mack, nombre que solo se conoce por haber actuado como la novia de Buster Keaton, después de participar en sus películas cómicas decidió empezar una carrera propia de guionista. Escribió un guión autobiográfico llamado Mary of the movies, la cual también protagonizó. Lastimosamente sus guiones no fueron bien conservados y hoy nadie la conoce. A Paulette Goddard, otra actriz del cine mudo con gran madera para la comedia, solo se la conoce por su esposo, Charles Chaplin. Aunque fue una de las primeras grandes comediantes y de hecho, logró construir un personaje que atravesó varios films,  Lucy Ball no logró crear un discurso propio ni apoderarse de una mirada. A pesar de haber creado un personaje femenino cómico que tenía suficientes elementos para ser más profundo, María Velasco no logró convertirse en autora de La India María, pues este no deja de ser un personaje tratado desde una mirada masculina y patriarcal.

En la actualidad ha surgido, al fin, una pequeña tendencia de mujeres con postura feminista que se auto-representa desde el humor. Es el caso de la estadounidense Lena Dunham (1985), la inglesa Phoebe Waller-Bridge (1985) , la también estadounidense con descendencia alemana Greta Gerwig (1983), la estadounidense Amy Schumer (1983),  la argentina Malena Pichot (1982), entre otras. Coincide que estas mujeres tienen más o menos la misma edad. Todas se auto-representan, es decir, su cuerpo y su propia biografía son los materiales para crear un personaje cómico. Coincide, también, que ninguna de ellas entra en los cánones de belleza ni moral. Todas aman sus cuerpos reales y hacen de él su principal herramienta de trabajo. Es desde el cuerpo que empiezan a cambiar el mundo. Después de años de dominación masculina en las pantallas, parece que la comedia, vetada durante años para las mujeres y personajes femeninos de manera estratégica por el sistema patriarcal, al fin ha sido apoderada por las voces de nuevas mujeres. Decía Claire Johnston en los años setenta: “La “verdad” de nuestra opresión no puede ser “capturada” en el celuloide con la “inocencia” de la cámara: ha de ser construida/manufacturada. Hay que crear nuevos significados destruyendo el armazón del cine burgués masculino dentro del texto de la película”. Parece que al fin lo estamos logrando.