Archivas & Documentas: un espacio de enunciación para las mujeres artistas

Por Tania Lombeida

Porque se quedan embarazadas, porque se casan, porque tienen muchas ocupaciones,

porque se dedican a la familia,  porque mueren jóvenes, porque no tienen una técnica pulida,

porque son musas antes que artistas, porque su arte vale menos en el mercado,

porque el arte es para los  hombres……

 Mapa general del  proceso y prácticas de la investigación para el proyecto  Archivas & Documentas_Mujeres, Arte y Visualidades Ecuador.     (Click para ampliar la imagen)

Mapa general del  proceso y prácticas de la investigación para el proyecto Archivas & Documentas_Mujeres, Arte y Visualidades Ecuador.

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En el proceso de investigación para Archivas & Documentas_Mujeres, Arte y Visualidades Ecuador, escuché todo tipo de supuestos sobre la exclusión de las mujeres en la historia del arte ecuatoriano por parte de los administradores de museos, guardas de reservas, historiadores, curadores, restauradores, museólogos y artistas. Lo curioso es que esta infravaloración no solo venía de voces masculinas, sino que también las mujeres acentuaban una notoria discriminación hacia su propio género, poniendo en duda la existencia de artistas femeninas en periodos como la colonia o la república y otorgando una mayor importancia a obras del arte moderno creadas por hombres. Esta perspectiva estandariza un sistema de arte sexista marcado por jerarquías oficiales entre lo femenino y masculino, que homogenizan prácticas institucionales y relatos, es así que muchas han quedado ausentes del gran mapa de la Historia del Arte.

Desde mi experiencia como mujer artista y en relación crítica con  este sistema androcéntrico surge Archivas & Documentas, un proyecto que me ha permitido repensar el arte desde las fronteras, con otros abordajes e interlocuciones, para interpelar a los discursos dominantes de la historia. El uso de  metodologías como la desclasificación y traducción de archivos, en paralelo a ejercicios de mapeamiento, permitieron relevar a varias mujeres artistas en diferentes épocas que han sido olvidadas y marginadas de los relatos del arte, sus nombres, prácticas, obras, diarios, bocetos, cartas, postales, artículos de prensa, catálogos, fotografías. Esta recuperación de información posibilitó un diagnóstico sobre la infrarrepresentación de ellas en museos, colecciones, exposiciones, premios, centros de documentación y  publicaciones.

Un primer antecedente que motivó la propuesta se da en el contexto académico. Me llama la atención el origen histórico-social-emancipatorio de la irrupción de la mujer en la educación formal del arte y su relación en la actualidad: ¿Cuándo y cómo se da? ¿Cuáles fueron esos espacios alternativos de reflexión y producción teórico/práctica? ¿Qué acciones emancipatorias emprendieron para ingresar en las academias? ¿Cuál era el trato una vez que estaban dentro? ¿Existían limitaciones? ¿Qué respuestas hubieron al sistema imperante? ¿Qué forma tiene la discriminación y violencia de género en las academias y facultades de artes?

El hecho es que en Ecuador la educación artística también se originó como una actividad exclusiva del género masculino, por tal motivo la incursión formal de la mujer en el arte inicia en el ámbito privado del hogar, al alcance de la nobleza y la burguesía y tras la imagen del hombre. En muchas ocasiones para que su trabajo adquiera un valor e ingrese al mercado, tenían que recurrir a firmar sus obras junto a la firma de su esposo, padre o hermano artista, en otros casos renunciar a su autoría, utilizando seudónimos o cambiando su nombre femenino por uno masculino, de manera intencionada o impuesta, en consecuencia muchas quedaron en el anonimato junto con sus obras. Esto me conduce a la hipótesis de que numerosas obras anónimas que reposan en reservas y forman parte de colecciones sobre todo del periodo colonial ¿podrían ser de mujeres? Obras que públicamente han sido atribuidas a mujeres se ponen en duda en investigaciones procedentes del género opuesto, terminando por quitarles la autoría y otorgársela a hombres. Encuentro ahí un tema que aún falta por indagar, recordemos que son mínimas las obras de los siglos XVII, XVIII, XIX que están firmadas o atribuidas a mujeres.

El primer corte de la investigación, arrojó datos reveladores de varias artistas que crearon arte desde las fronteras, como los claustros, conventos, talleres de artistas, hogares y posiblemente otros espacios de formación alternativa dedicada a la creación. Se identificó a varias mujeres que podrían considerarse como las primeras artistas: Isabel de Santiago, Magdalena Dávalos, Eufemia Berrio, Germania Salas, Brígida Salas, Emilia Rivadeneira, Matilde Farfán, Josefina Pinto, Raquel Pinto, Blanca Villafuerte, Rosario Villagómez, Clara Gomez, Bella A. López, Pacífica Icaza, Carmela Estévez (Inti Yan), Elba Escobar, Judith Roura, Luz M.Villamar, Elvia Chávez, Maruja Monteverde, Elvira Rivadeneira entre muchas otras. Es evidente la falta de fuentes documentales que permitan develar obras olvidadas y deslegitimar falsas atribuciones, he podido constatar limitadas biografías, la falta de estudios históricos y el difícil acceso hacia sus trabajos. En la actualidad, aunque sea mayoritario el número de mujeres artistas alineadas o no a las luchas de los movimientos feministas o incorporando una noción de género en su trabajo artístico, aún no ha sido superada la marginación a la que se han visto reducidas.

Recuerdo mi paso por la Facultad de Artes de la Universidad Central del Ecuador, donde los primeros años no se caracterizan precisamente por brindar una educación orgánica y se vive una tensión generalizada por superar metodologías, prácticas, teorías y llegar a convertirse en el artista genio ¡qué error! Para nosotras las estudiantes mujeres representaba, o al menos en mi caso, una lucha constante por ganar un espacio de significación, empoderamiento y presencia dentro de una estructura consolidada desde el pensamiento masculino. Comprendí que el régimen educativo es tóxico y violento para las mujeres por estar inundado de acciones normalizadas que acentúan la discriminación de género en la universidad y los roles femeninos asignados en las aulas:  limpieza, orden, cuidado y actividades organizacionales. Prácticas como el exceso de confianza entre docentes y estudiantes les otorga a lxs alumnxs ciertos privilegios que limitan el desarrollo artístico y favorecen procesos educativos complacientes.

En aquellos años mi primer acercamiento al arte ecuatoriano fue a través de dos momentos o entornos; uno formal en la academia, en la cual revisamos textos de carácter obligatorio que hacían referencia al arte occidental (históricamente alineado al género masculino), de ahí que el repertorio de artistas, obras, exposiciones y acciones, estaba conformado en su mayoría por artistas hombres de la tradicional Historia del Arte Universal. El arte ecuatoriano fue relegado a un segundo plano y lo poco que se abordó respondía igualmente a esa tradición, siendo evidente las limitadas fuentes bibliográficas y la gran brecha de género en sus contenidos.

El otro entorno fue el de las exposiciones temporales y colecciones permanentes en museos, con contenidos un poco más amplios. Debo manifestar que mi mirada se dirigía siempre hacia las otras obras de mujeres. Encontraba algo diferente en sus planteamientos y estéticas.  Esto desbordó en mí un afán por coleccionar obras y proyectos de mujeres artistas globales con estéticas radicales reproducidas en fotocopias, impresiones o referenciadas en mis diarios personales, de este modo aseguraba otras posibles maneras de crear y producir arte, así también ampliar los contenidos hacia otros referentes. En este sentido mi formación académica en la facultad transcurrió en una constante lucha por superar el sesgo del género.

 Cecilia Benitez (1937-2010), en su taller.  Producción de tejidos, 1980 aprox. Archivo de la artista.

Cecilia Benitez (1937-2010), en su taller.  Producción de tejidos, 1980 aprox. Archivo de la artista.

Ya desde muy temprano tuve fascinación por los textos antiguos y los datos que podía recabar en ellos. Aproximadamente 10 años atrás inicié esta pesquisa levantando nombres de mujeres artistas ecuatorianas en colecciones como la Historia del Arte Ecuatoriano de SALVAT; textos de historiadores vinculados a la iglesia como los de Fray José María Vargas; el obispo Federico González Suárez; el historiador José Gabriel Navarro; y otros que, aunque evidencian muy pocas referentes, me acercaban a información relevante sobre todo a épocas de la colonia y la república. 

Me interesé por levantar diagnósticos en atlas, guías y diccionarios sobre artistas plásticos del Ecuador, los cuales evidencian una inequidad en las entradas y cuyos criterios de selección  responden a prácticas institucionales y subjetividades como el caso del Nuevo Diccionario Crítico de Artistas Plásticos del Ecuador del Siglo XX, de Hernán Rodríguez Castelo, publicado en dos ocasiones; sorprende el tratamiento reduccionista y la manera estática de abordar la investigación entre una y otra edición, de la primera en 1992 a la segunda publicación realizada en el año 2006, la única novedad que se incorpora, es haber pasado de 449 artistas a 679 (230 artistas más), de los cuales 163 son mujeres y 516 son hombres. Esta es la línea narrativa que ha velado el trabajo de las mujeres por presentar mínimas menciones, sin profundizar ni en su trayectoria ni en sus aportes, mucho menos acompañadas de registros fotográficos. 
 

 Infrarrepresentación de mujeres vs hombres en el  “Nuevo Diccionario Crítico de Artistas Plásticos del Ecuador del siglo XX”,  de Hernán Rodríguez Castelo,  2016.

Infrarrepresentación de mujeres vs hombres en el “Nuevo Diccionario Crítico de Artistas Plásticos del Ecuador del siglo XX”, de Hernán Rodríguez Castelo,  2016.

En este mismo camino, al analizar los textos de hombres que escriben sobre mujeres, me  encuentro con el reciente libro Solo de Mujeres del escritor Marco Antonio Rodríguez, publicado en el año 2017 y me pregunto: ¿Quién habla? ¿Desde qué voz? El texto no advierte una línea curatorial, tampoco ningún posicionamiento crítico en relación al estudio de mujeres, el ejercicio recurre a una escritura y compilación convencional en torno a las biografías de 13 artistas, que a mi parecer han sido narradas desde el “gesto”, la “voluntad”, el “afán” “el favor” por reconocer su existencia e incluirlas en la historia desde el ideal masculino. Citaré un ejemplo, de cómo el autor describe a la artista Leonor Rosales (1892-1963):

“Leonor está sentada en su taburete de trabajo, la mirada fija en quien la captó para que transgrediera el tiempo, empuñando un pincel como si se tratara de un sui géneris artilugio de combate; en la otra mano la paleta de colores. A sus pies –calzados con zapatos de cabritilla de moda en los tramos iniciales del siglo XX– un holgado vestido blanco luce pequeñas manchas de pigmentos; al frente de ella su caballete, empoderado en él un bodegón inconcluso [...]

Rostro que resume inteligencia, hermosura y embrujo. Otra la muestra adolescente, apoyando el rostro en sus manos como en una señal de llamado al espectador: <<esta soy yo>>. Su mirada traspasa el papel fotográfico y horada el más allá, Ahí está viva, expectante, desafiando todo lo que alcanza a escudriñar en ese instante y, después, la misma mirada que más tarde iba y venía por los blancos lienzos deslizando ideas  sobre sus desnudos, muñecos, bodegones, retratos, paisajes... ”.

¿Cómo se origina ARCHIVAS & DOCUMENTAS_Mujeres, Artes y Visualidades Ecuador?

En enero del 2017 el proyecto toma impulso a raíz de un fondo concursable del Ministerio de Cultura y Patrimonio, mismo que permite iniciar con la investigación para la construcción de un archivo, concebido desde las prácticas colaborativas en la línea del arte, feminismos y otras visualidades y planteado como un espacio testimonial de interacción para la enunciación, reflexión crítica y visibilidad de las mujer artistas y otros procesos colectivos relacionados al tema.

Desde el inicio se buscó responder a varias interrogantes: ¿Dónde están las artistas ecuatorianas? ¿Si existen archivos donde se guardan organizan y clasifican los testimonios escritos, gráficos o audiovisuales producidos por mujeres artistas? ¿Quiénes eran ellas?  ¿Qué hicieron? ¿Por qué se desconoce su trabajo? ¿Qué hicieron para tener mayor protagonismo en el contexto social del arte? ¿Cuáles fueron sus aportes al arte y a la cultura? ¿Cómo se auto representan? ¿Cómo pensar la relación entre archivo, arte y feminismos?

La intención al plantearme estas preguntas fue desmitificar la forma en que se aborda a las mujeres artistas dentro de una categoría única alineada a los estereotipos femeninos, para abrir el debate hacia otras lecturas y dar respuestas a las distintas formulaciones que surgen desde lo inter, lo multi, lo trans de las disciplinas en el arte. Pero también se plantea un distanciamiento de las orientaciones dominantes para coleccionar, clasificar, categorizar, catalogar y mostrar arte, desde una perspectiva feminista.

Es así que movilicé acciones para recuperar y liberar información relacionada a otras cronologías, con herramientas de investigación documental, que me permitieron indagar en los lagunares de los archivos de colecciones, reservas, bibliotecas, centros y fondos documentales y consolidar archivos personales de mujeres artistas que han estado dedicadas a guardar sus documentos.

¿En qué se diferencia este proyecto con el auge de propuestas que intentan visibilizar a mujeres artistas?

Considero necesario deconstruir esa matriz universal sobre el arte de mujeres que predomina en este tiempo, la cual presenta su trabajo como una novedad o un privilegio y cuyos postulados se vuelven complacientes en prácticas curatoriales que difuminan los actuales debates del arte y feminismos a nivel global, poniendo en discusión aquellas temáticas pasivas deslocalizadas, que desvirtúan la incidencia política que sus exploraciones, prácticas y pensamiento han tenido y tienen sobre el arte y la cultura.

En este sentido, una parte importante de la investigación busca recuperar los saberes femeninos dentro de la estructura brutal que presentan los archivos públicos y demás “repositorios de memoria”, en los cuales se evidencia una administración patriarcal y de control sobre el material documental relacionado a las mujeres. Me interesa desocultar esta información como una acción de liberación del pensamiento, contenidos y carga histórica, que relega a las mujeres artistas a representaciones y temáticas estereotipadas de otros contextos, con estéticas recurrentes que surgen también de otros feminismos. Lo radical está en dar visibilidad a propuestas localizadas, disruptivas que respondan al contexto social y político, y pongan en discusión esos otros relatos que amplían las líneas temáticas.

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¿Cómo ha sido el proceso de Archivas & Documentas?

Se inició con una investigación basada en fuentes primarias, a partir de barridos en los archivos de las reservas de varias colecciones de arte de las ciudades de Quito y Guayaquil, para identificar mujeres artistas y sus obras, paralelamente se realizaron estudios técnicos que permitieron por un lado deslegitimar falsas atribuciones a obras de artistas masculinos y también des jerarquizar su presencia por sobre lo femenino en la producción visual, poniendo en análisis los saberes, aportes teóricos y creativos de las mujeres.

Ya desde estos espacios institucionales, afloraron una serie de irregularidades que me aproximaron al mal manejo de los bienes culturales y el predominio masculino en la divulgación de sus contenidos. Sopesan cuestiones como el desconocimiento total de lo que poseen, sobre todo en relación a las obras de mujeres. Ante lo cual muchas obras no cuentan con análisis técnicos, están en pésimo estado de conservación, arrinconadas en cualquier lugar, en procesos técnicos de restauración por décadas, sus fichas de inventario presentan   datos incompletos y la mayoría no cuentan con registros visuales.

A esto se suma la falta de infraestructura de reservas de arte, personal poco capacitado (no en todas), ausencia de sistemas digitales integrales que agrupen en una sola base de datos el total de las colecciones a nivel territorial, sistemas de catalogación caducos, organizados por su temporalidad (sólo), entre otras cosas que hacen pensar en un estado de emergencia.

Dentro de esta crisis en la administración de reservas y archivos, la investigación dio como resultado el “Primer Mapeamiento de Mujeres Artistas en el Arte Ecuatoriano”, arrojando una serie de datos y estadísticas que han sido sistematizados a partir de varios mapas críticos:

1. Mujeres Artistas en Colecciones de Arte: este mapa evidencia cuantitativamente la presencia de artistas mujeres vs hombres en las colecciones públicas: Museo del Ministerio de Cultura y Patrimonio, Museos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo de Pichincha, Pinacoteca de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo Guayas, Museo Numismático, Museo el Carmen Alto , Museo Santo Domingo, Museo y Biblioteca Aurelio Espinosa Pólit.

Las prácticas del coleccionismo público en el arte revelan datos alarmantes, quisiera detenerme en el caso de los Museos de la Casa de la Cultura Ecuatoriana (CCE), núcleo Pichincha: su reserva está conformada por las colecciones de arte colonial, republicano y moderno, consta de 4.000 obras. El diagnóstico evidenció una infrarrepresentación, ya que apenas existen 55 mujeres artistas ecuatorianas y 10 latinoamericanas. La colección de arte colonial s. XVI, XVII, XVIII cuenta con 1.500 obras, de las cuales 9 (1%) representan a mujeres, el resto 1.491 (99%) son obras de artistas hombres y anónimos. La colección de arte republicano s. XIX y moderno s. XX, está conformada por 2.500 obras de las cuales 230 (8%) pertenecen a mujeres y 2.270 (92%) a hombres.

Del mismo modo ocurre en la Pinacoteca de la CCE Núcleo Guayas, el levantamiento determinó la presencia de 14 (9%) mujeres artistas frente a 142 (91%) artistas masculinos presentes en la colección, cada una con un número de obras inferiores a las de sus colegas.

En las reservas del Ministerio de Cultura y Patrimonio (MCyP) las colecciones de arte colonial y republicano, agrupan a 5.000 obras, 27 (1%) pertenecen a 4 mujeres frente a 4073 (99%) obras de hombres. La colección de arte moderno y contemporáneo está integrada por 1.400 obras, 40 (3%) pertenecen a 31 mujeres artistas, y 1.360 (97%) son obras de artistas masculinos (la categoría contemporáneo en la reserva se cuestiona, en los últimos años no han existido adquisiciones de producción artística actual desde el traspaso de la colección del Banco Central del Ecuador al MCyP) .

Estos datos representan un trabajo titánico junto al personal que labora en las reservas y se basa en el levantamiento de información de los archivos técnicos y desclasificación de obras. Es un primer ejercicio que ha permitido evaluar y cuantificar la presencia de las artistas y sus obras en las colecciones públicas de arte.

2. Salones Nacionales de Arte y Artistas premiadas: serie de documentas históricas que muestra porcentualmente la participación diferenciada entre mujeres y hombres, así como artistas que obtuvieron premios y reconocimientos en salones de arte, bienales y concursos que datan desde el año 1917.

Las plataformas expositivas relevadas fueron: Salón Nacional de Bellas Artes CCE; Salón Nacional de Artes Plásticas CCE; Salón Nacional de Acuarelistas, Dibujantes y Grabadores; Salón de Pintura Ecuatoriana de Aviación; Salón Exedra de Arte Joven; Salón del Desnudo-Sketch Gallery; Salón de Diciembre; Salón del Retrato; Salón de Escultura CCE; APET Salón Pictórico Ecuador 74; Salón de la Independencia Latinoamericana de Pintura; Salón Vicente Rocafuerte; Salón Proesa; Salón el Comercio; Concurso Nacional de Pintura; Concurso Nacional de Artes Plásticas; Concurso Nacional de Grabado, Bienal de Quito; entre otros. Plataformas de larga trayectoria y que aún se mantienen como el Premio Mariano Aguilera (antes Salón), el Salón de Julio, el Salón de Octubre y la Bienal de Cuenca.

 Escultura-Olguita Torbay, artista:&nbsp;Ángela Name || Portada del catálogo "Primer Salón de Octubre" ||&nbsp;Escultura-Alejo Mateus, artista:&nbsp;Bella Amada López. 1939.

Escultura-Olguita Torbay, artista: Ángela Name || Portada del catálogo "Primer Salón de Octubre" || Escultura-Alejo Mateus, artista: Bella Amada López. 1939.

Citaré algunos salones mencionados anteriormente como evidencia de la gran brecha de género, cuyos datos muestran por un lado una imposición de artistas masculinos y por otro prácticas  en la administración de plataformas expositivas que les privilegia. Es interesante el flujo de los procesos de selección de artistas; revisando varias actas de participantes y actas de veredicto de seleccionados, pude constatar mecanismos discriminatorios en la circulación de la producción femenina, procesos que van filtrando postulaciones de mujeres, hasta consolidar un grupo que represente el discurso oficialista, el del “gran arte”:

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3. Salones femeninos de Arte: despliega un conjunto de exposiciones y plataformas realizadas exclusivamente para mujeres artistas, paralelamente muestra la incursión de la mujer gestora de sus propios espacios de difusión, como el Salón Femenino de Pintura, Salón de Artes plásticas La Mujer Ecuatoriana, Encuentro Arte Mujeres Ecuador, entre otros. 

4. Línea Histórica de Mujeres Artistas en Ecuador: a través de los datos recolectados, se ha generado una línea histórica de mujeres artistas, un ejercicio que muestra un listado organizado de manera cronológica que sitúa a las artistas en diferentes épocas desde el siglo XVII hasta inicios del siglo XXI.  Este mapa surge como respuesta ante la ausencia de una base histórica que evidencie la presencia de las artistas ecuatorianas.